Todos sabemos si tenemos algún defecto refractivo debemos acudir a un óptico-optometrista para que realice una revisión de nuestra visión y nos indique qué graduación deben tener nuestras gafas y/o lentes de contacto para compensarlo.
Sin embargo existe otra clase de gafas elaboradas de forma estándar, con graduación concreta y no personalizada, y que se pueden adquirir en establecimientos no sanitarios, son las que se conocen como gafas premontadas.

 

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Este tipo de gafas se idearon con el objetivo de que el usuario las utilizase de forma muy
puntual para ver de cerca. Sin embargo, su uso se ha extendido de forma peligrosa entre la sociedad, dando lugar a que muchas personas opten por ellas para uso diario.
Incluso estas gafas se pueden encontrarse en muchos bazares, mercadillos ambulantes,
gasolineras, sin que cumplan los requisitos que debe tener un producto sanitario como son las gafas graduadas. Sólo en un establecimiento sanitario, como es la óptica, se puede adquirir ayuda visual que cumpla con los requisitos de seguridad, eficacia y calidad.
Otro problema que acarrea el uso de las gafas premontadas es que la mayoría de ellas
incorporan lentes que son unas simples lupas, y el hecho de que no sea un óptico-optometrista el que indique su uso, conlleva que esas gafas pueden:
– Distorsionar la precepción de las distancias.
-Obligar a un ojo a que realice un mayor esfuerzo, ya que normalmente cada uno necesita una graduación diferente.
– Dolor de cabeza, irritabilidad, fatiga y bajo rendimiento debido a la mala adaptación.
– Reducir la visión en uno de los ojos.
– Aumentar la presbicia.
– Originar un desequilibrio ante los problemas binoculares.
-Impedir la adaptación de unas gafas graduadas.

Autor@: Post escrito por la empleada de Modavision valencia, Amal 

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